Una pequeña molestia

Todo empieza con un a pequeña molestia, a la que nos acostumbramos sin darle la menor importancia. Con el tiempo, y de vez en cuando, nos molesta un poco más, pero seguimos tirando, intentando aliviar los síntomas con algún remedio rápido, para poder seguir con las obligaciones de nuestra vida exigente.

Hay que aprender a escuchar las alarmas del cuerpo y parar o bajar el ritmo de nuestra vida exigente antes de que sea tarde.

Pero eso no es todo, pues todavía seguimos y seguimos nuestro ritmo de vida exigente, cuando la molestia en cuestión ya dificulta nuestra calidad de vida a diario, sin prestar atención a la señal, al grito, a la alarma que el cuerpo está mandando cada día para poder poner remedio.

Finalmente, el día que la molestia en cuestión nos inmoviliza hasta el punto de no poder mover ni una pestaña a causa del dolor, en ese momento, es cuando buscamos ayuda desesperadamente para que nos quiten la molestia lo antes posible. Para poder seguir haciendo nuestra vida exigente. ¿Locos, no?

La molestia no se va a ir de un día para el otro, y aunque te la quiten, lo más seguro es que vuelva a aparecer si no eliges hacer un cambio en tu vida.

La molestia quizás lleva ahí desde hace unos meses, años, quizás toda la vida. La molestia no se va a ir de un día para el otro, y aunque nos la quiten, lo más seguro es que vuelva a aparecer si no elegimos hacer un cambio de hábitos, de actitud, de postura o de trabajo. Un cambio, el que sea: Tu cuerpo está pidiendo a gritos que lo escuches y atiendas.

Deberíamos empezar a entender que el cuerpo trabaja como una unidad indivisible, todos los sistemas conviven y se relacionan a diario dentro de esta maravillosa e intrigante estructura inteligente. Huesos, vasos, músculos, órganos, neuronas, tejidos conectivos, sustancias químicas...

El cambio no es local, normalmente tiene su origen en el conjunto de los sistemas del cuerpo: Emociones, alimentación, postura, sistema nervioso, sistema inmune, bioquímica, genética, etc. El origen de la moléstia normalmente no se halla donde nos pensamos y debemos observarnos y hacernos algunas preguntas.

  1. ¿Me ha pasado algo notable ultimamente?
  2. ¿Duermo bien?
  3. ¿Como es mi alimentación?
  4. ¿Como me siento? (cansada, triste, eufòrica, enfadada, bien, preocupada, estresada)
  5. ¿Cómo es mi postura?
  6. ¿He tenido algún accidente, operación, golpe, caída, sin importancia en algún momento de mi vida?
  7. ¿Algo me preocupa desde hace tiempo?
  8. ¿Tengo relaciones conflictivas con personas que quiero?
  9. ¿Cómo es mi trabajo?

El simple y pequeño movimiento de un tensor, modificará la forma y tensiones de toda la estructura. De toda. Y así somos por dentro.

Principo de Tensegridad en el sistema fascial del cuerpo humano

Dolores de cabeza, problemas intestinales, reglas dolorosas, contracturas recurrentes, lumbalgias, estados depresivos, disfunciones sexuales, ansiedad, insomnio, tendinitis, infecciones, virus recurrentes. No debemos acostumbrarnos al malestar ¡No debemos! Nos merecemos hacer algo para solucionarlo o convivir con él, si es el caso, de la mejor de las maneras.

 

Es difícil y siempre tendremos mil excusas: no puedo, es que, mi familia me necesita, soy imprescindible, si claro y de donde saco el tiempo, soy autónomo si no trabajo no cobro, la responsabilidad de mi trabajo no me lo permite, entregas, estoy cuidando a mis padres… Hay vidas exigentes de todo y para todo, lo sé. Pero el tema es que un cuerpo enfermo, tampoco podrá cuidar, ni trabajar, ni responsabilizarse de nada.

Empecemos por ser exigentes con nuestro propio cuerpo, y no me refiero de cara a la galería, sino de piel a dentro.

«Si uno quiere cambiar de un modo significativo, su cuerpo debe cambiar.» A. Lowen
Vale la pena, vídeo de 5 minutos imprescindibles para entender la relación cuerpo-mente.

https://youtu.be/w8Aq8Tr2GTg?list=PLnw_ct_UqL553Fa-MaNEyjN9BEJN0tj-q